En algún momento hay que empezar. Lo
que más cuesta es la idea que nos permite arrancar. Lo que más cuesta es no
detenernos por desconocer el final.
Lo que más cuesta es sobreponerse al
qué dirán.
¿Por qué un blog?
No sabía qué otra cosa hacer para lo
que quería poner en marcha.
Me he preguntado si, una vez iniciado, querría tener alguna prerrogativa.
Quizá alguna sí. Es material sensible, se dice. Desearía que fuese más un "territorio" donde quedarse, habitar y compartir. Más, por experiencias previas, sí querría tener alguna prerrogativa sobre aquello que personas errantes, quisieran dejar en su vuelo sobre él.
¡Qué riesgo!
o
¡qué soberbia!:
Nosotros, siendo islas, aun de un mar
común del mismo "hemisferio",
nos sentimos solitarios/as. Y es que no sabemos siquiera, que habitamos un extenso archipiélago, pues, el reflejo del mar y sus brumas nos hacen pensar, que sólo existe un continente del cuál estamos exilados.
Pero nosotras/os (y hay
muchísimas/os más en este océano), no somos islas inhóspitas y aún menos
hostiles, pero nos sentimos sólo islotes que no aparecen en las cartas de navegación.
Los grandes cruceros, aún los pequeños veleros, no reparan
en nuestras calas.
Probablemente declinaríamos, seamos
justos/as, embarcar en uno de estos grandes cruceros. Sabemos que nos angustaríamos. Y aún con todo, envidiamos a quienes de nuevo se marchan. Y parecen todos ¡tan felices! (¡y es que siempre pensamos en términos de todo o nada!). Por eso, aquello que está fuera de nuestra isla, siempre pensamos que es mejor, aunque no nos atrevamos a emprender un viaje.
Pero entonces..., si llegan, se marchan, nos invitan a embarcarnos y los rechazamos -a veces con pesar y otras con orgullo-, estríctamente hablando, no nos podemos llamar ni "náufragos", ni "ermitaños".
Un momento.... Náufragos, no, pues saben de nosotros. ¿Pero es incorrecto llamarnos ermitaños? Claro, tendríamos que ser islas con una montaña, y no islas planas. Pero, es que, en esas cartas de navegación figuramos como islas..., volcánicas, que a veces erupcionan. Y un volcán será inestable, pero no deja de ser una montaña.
Pero nuestros sismógrafos no son buenos. También por eso muchos viajeros se marchan. ¿Quién querría invertir, aunque fuese reposo, en una isla inestable?
Pero, es preciso marcharme o sentido condenado en nuestra isla, ¿Por qué tantos visitantes, aun cuando se marchen dicen que es bella, y acogedora... -claro, salvo cuando tiembla y erupciona-.
Y... ¿si ajustásemos nuestros sismógrafos? ¿Quién nos puede ayudar a hacerlo?
Quizá, sabiendo que vivimos en un archipiélago, podríamos llegar a pensar, que en esas otras islas volcánicas, existen las mismas preguntas.
Y que somos un archipiélago habitable.